El Juicio

Leyendo el Blog de chicavudú me he encontrado con el post:
EL QUE ESTÉ LIBRE DE PECADO... de ahí surge la siguiente reflexión:
El Juicio:
El fondo del asunto no consiste en "enjuiciar" o "no enjuiciar", la verdad es que uno enjuicia permanentemente, más aún, para vivir es necesario "enjuiciar", dicho de otro modo "aplicar juicios de valor", en este caso, a las personas.
Para mí, el punto neurálgico que constituye los 2 polos del tipo de juez, es que:
a.- Hay quienes piensan que cuando enjuician a alguien, han logrado "dar con él", han logrado comprender a cabalidad a ese ser humano y concluyen que "su pequeñez es su fondo" (en el ejemplo de chicavudú) y, en consecuencia, se arrogan el derecho de "despreciar a esa persona" en vista de que creen que lo han conocido tal cual es, renunciando a concebir al enjuiciado como un "ser humano infinitamente complejo, dinámico y con potencial de cambio".
b.- En el otro polo, están quienes "renuncian a juzgar", por ejemplo, porque consideran que un ser humano no es posible que llegue a ser abarcado y que su cambio es permanente cual un río que fluye. Cuando de poesía se trata, hay quienes piensan que un poema nunca debe ser juzgado, puesto que es la subjetividad la que prima en él y es por lo tanto inabarcable. Ambas formas de pensar están relacionadas.
Todos nos ubicamos más cerca de un polo o de otro, en lo personal, me siento identificado con la actitud que describe Chicavudú y considero que, por lo general, me encuentro más cercano al segundo polo que al primero, sin embargo, en ocasiones también puedo juzgar con la crueldad del primero -mi ego sigue en pie, y me traiciona- aunque trato de cultivar el hábito de "man
tener mi mente abierta, sin juzgar a priori", lo que no impide que, en ocasiones, disfrute de buena gana con el juicio de alguien que, aunque cruel, se muestra lúcido y certero.
Un juicio de valor "siempre es estático", por definición "es estático" y no puede por lo tanto dar cuenta final de nada ni de nadie, sino que sólo describe un estado de situación en un momento y lugar puntual, en una circunstancia determinada.
Hay quienes cambiamos más y otros menos, hay quienes nos mentimos más y quienes menos, siempre con el objetivo de sentir que "vivimos la vida dignamente".
Hay quienes para "sentirse dignos" requieren afirmar de otro que "es un fracasado", la intención de fondo para una crueldad de ese calibre, suele apuntar a ser reconocido como exitoso, ya que sólo desde ese estrado se puede hacer tal afirmación... ¿Por temor al fracaso? o quién sabe. Hay otros "cuya dignidad se funda en la franqueza", de entre ellos, quien para mí es "un digno por antonomasia" es Cesare Pavese, quien en "El Oficio de Vivir" ha tenido el valor de afirmar sobre sí mismo:
Cuando leí por primera vez esa frase, en mi adolescencia, me impactó y pensé "así quiero ser", "si llega el momento en que me traicione a mí mismo, quiero tener el valor de reconocerlo". Es ese el tipo de dignidad que me conmueve, es esa la dignidad que busco y ante la cual me inclino con reverencia, la dignidad de reconocer en consciencia que uno ha errado el camino si llega el caso... y el caso llega, ya que esa verdad a todos nos pisa los talones ¡A todos! también a los que juzgan a los demás con crueldad, mi ego me impulsa a afirmar que "sobre todo a ellos" pero ¡Qué va! Somos todos humanos y esa frase me ha dado más de un par de mordidas en los talones, la diferencia es que unos lo aceptamos y otros no. La frase me gusta no sólo por su sincera crudeza, sino fundamentalmente, porque de quien tiene el valor de emitirla, se puede esperar que luche por cambiar.
Elías Canetti afirma en su libro de ensayo "El Otro Proceso de Kafka" (Comentario)
Yo tengo la impresión de que cuando río de la crueldad de un juicio ingenioso y certero, estoy viendo "lo ridículo" de esa vida, o sea, estoy profundizando, pero en el primer subterráneo. Ese es el lugar del humor, de la ironía o del sarcasmo. Cuando profundizo un poco más y bajo al segundo subterráneo... la sonrisa se me congela en el rostro... ya no me es posible reír. El segundo subterráneo es el lugar donde uno comprende "la razón de la sinrazón", las causas profundas de los comportamientos equívocos, aquellos dolores o soledades que nos impulsan al fracaso, que no plenamente conscientes, pero a sabiendas, nos hacen dar aquellos pasos en falso, aquellos golpes sangrientos que abren paso a los heraldos negros que sabemos nos llagarán el alma, o harán sufrir a nuestros seres queridos, o acabarán con nuestra vida... en ese momento no hay humor que sirva, hemos llegado a la parte "seria y terrible" de la vida. Al tercer subterráneo llega uno cuando es capaz de liberarse de la sinrazón, cuando es capaz de acabar con ese ciclo dañino de condicionamiento autodestructivo, o sea, cuando uno consigue "superar el impulso".
Esta frase a todos nos calza, en distintos grados pero a todos. Lo que nos diferencia es cuán conscientes somos de eso, cuando leo comprendo que es la intuición de esta verdad que compartimos, la que le impide a chicavudú y a mí, extralimitarse en crueldad ¡Humanidad! ¡Humanidad al fin y al cabo!.
EL QUE ESTÉ LIBRE DE PECADO... de ahí surge la siguiente reflexión:
El Juicio:
El fondo del asunto no consiste en "enjuiciar" o "no enjuiciar", la verdad es que uno enjuicia permanentemente, más aún, para vivir es necesario "enjuiciar", dicho de otro modo "aplicar juicios de valor", en este caso, a las personas.
Para mí, el punto neurálgico que constituye los 2 polos del tipo de juez, es que:
a.- Hay quienes piensan que cuando enjuician a alguien, han logrado "dar con él", han logrado comprender a cabalidad a ese ser humano y concluyen que "su pequeñez es su fondo" (en el ejemplo de chicavudú) y, en consecuencia, se arrogan el derecho de "despreciar a esa persona" en vista de que creen que lo han conocido tal cual es, renunciando a concebir al enjuiciado como un "ser humano infinitamente complejo, dinámico y con potencial de cambio".
b.- En el otro polo, están quienes "renuncian a juzgar", por ejemplo, porque consideran que un ser humano no es posible que llegue a ser abarcado y que su cambio es permanente cual un río que fluye. Cuando de poesía se trata, hay quienes piensan que un poema nunca debe ser juzgado, puesto que es la subjetividad la que prima en él y es por lo tanto inabarcable. Ambas formas de pensar están relacionadas.
Todos nos ubicamos más cerca de un polo o de otro, en lo personal, me siento identificado con la actitud que describe Chicavudú y considero que, por lo general, me encuentro más cercano al segundo polo que al primero, sin embargo, en ocasiones también puedo juzgar con la crueldad del primero -mi ego sigue en pie, y me traiciona- aunque trato de cultivar el hábito de "man
tener mi mente abierta, sin juzgar a priori", lo que no impide que, en ocasiones, disfrute de buena gana con el juicio de alguien que, aunque cruel, se muestra lúcido y certero.Un juicio de valor "siempre es estático", por definición "es estático" y no puede por lo tanto dar cuenta final de nada ni de nadie, sino que sólo describe un estado de situación en un momento y lugar puntual, en una circunstancia determinada.
Hay quienes cambiamos más y otros menos, hay quienes nos mentimos más y quienes menos, siempre con el objetivo de sentir que "vivimos la vida dignamente".
Hay quienes para "sentirse dignos" requieren afirmar de otro que "es un fracasado", la intención de fondo para una crueldad de ese calibre, suele apuntar a ser reconocido como exitoso, ya que sólo desde ese estrado se puede hacer tal afirmación... ¿Por temor al fracaso? o quién sabe. Hay otros "cuya dignidad se funda en la franqueza", de entre ellos, quien para mí es "un digno por antonomasia" es Cesare Pavese, quien en "El Oficio de Vivir" ha tenido el valor de afirmar sobre sí mismo:
Cuando leí por primera vez esa frase, en mi adolescencia, me impactó y pensé "así quiero ser", "si llega el momento en que me traicione a mí mismo, quiero tener el valor de reconocerlo". Es ese el tipo de dignidad que me conmueve, es esa la dignidad que busco y ante la cual me inclino con reverencia, la dignidad de reconocer en consciencia que uno ha errado el camino si llega el caso... y el caso llega, ya que esa verdad a todos nos pisa los talones ¡A todos! también a los que juzgan a los demás con crueldad, mi ego me impulsa a afirmar que "sobre todo a ellos" pero ¡Qué va! Somos todos humanos y esa frase me ha dado más de un par de mordidas en los talones, la diferencia es que unos lo aceptamos y otros no. La frase me gusta no sólo por su sincera crudeza, sino fundamentalmente, porque de quien tiene el valor de emitirla, se puede esperar que luche por cambiar.
Elías Canetti afirma en su libro de ensayo "El Otro Proceso de Kafka" (Comentario)
"Toda vida que uno conoce a fondo es ridícula. Cuando uno la conoce más a fondo, es seria y terrible"
(Gracias a ver citada esta frase, leí a Canetti por primera vez...
intuí que Canetti horadaba el alma humana y no me equivoqué.
Mario Muchnick relata aquí cómo lo publicó y conoció)
intuí que Canetti horadaba el alma humana y no me equivoqué.
Mario Muchnick relata aquí cómo lo publicó y conoció)
Yo tengo la impresión de que cuando río de la crueldad de un juicio ingenioso y certero, estoy viendo "lo ridículo" de esa vida, o sea, estoy profundizando, pero en el primer subterráneo. Ese es el lugar del humor, de la ironía o del sarcasmo. Cuando profundizo un poco más y bajo al segundo subterráneo... la sonrisa se me congela en el rostro... ya no me es posible reír. El segundo subterráneo es el lugar donde uno comprende "la razón de la sinrazón", las causas profundas de los comportamientos equívocos, aquellos dolores o soledades que nos impulsan al fracaso, que no plenamente conscientes, pero a sabiendas, nos hacen dar aquellos pasos en falso, aquellos golpes sangrientos que abren paso a los heraldos negros que sabemos nos llagarán el alma, o harán sufrir a nuestros seres queridos, o acabarán con nuestra vida... en ese momento no hay humor que sirva, hemos llegado a la parte "seria y terrible" de la vida. Al tercer subterráneo llega uno cuando es capaz de liberarse de la sinrazón, cuando es capaz de acabar con ese ciclo dañino de condicionamiento autodestructivo, o sea, cuando uno consigue "superar el impulso".
"Toda vida que uno conoce a fondo es ridícula. Cuando uno la conoce más a fondo, es seria y terrible"
Esta frase a todos nos calza, en distintos grados pero a todos. Lo que nos diferencia es cuán conscientes somos de eso, cuando leo comprendo que es la intuición de esta verdad que compartimos, la que le impide a chicavudú y a mí, extralimitarse en crueldad ¡Humanidad! ¡Humanidad al fin y al cabo!.
"Conócete a ti mismo y conocerás al mundo"



1 Comments:
At 1:33 a. m.,
Anónimo said…
Pucha que cierta esta frase, sin embargo tratamos de evitar pensarlo. De enfrentarlo cara a cara, es que esta frase nos mata...no aguantamos la ausencia de alegria y ...consumo. Excelente blog, felicitaciones!....
Publicar un comentario
<< Home